Los Compañeros y la formación de la conciencia científica
¿Cómo portó la primera generación la herencia de la profecía?
Una lectura educativa del método científico de la primera generación, y de cómo portó la herencia de la Profecía. Por el Dr. Ahmed Mohamed Ali Abouseif, presidente de la Academia Americana de Imames (American Imams Academy).
En la primera sociedad islámica, el saber no fue una actividad cultural desligada de la vida, ni un conocimiento que se buscara por mero lujo intelectual o por vanagloria social; fue, en la conciencia de los Compañeros, el fundamento de la religión, el espíritu del Mensaje y el puente de la guía entre el cielo y la tierra. De ahí surgió, en la escuela de la Profecía, una experiencia científica singular sin parangón en la historia: en ella se formó una generación que reunió el honor de la recepción, la sinceridad de la comprensión, la fidelidad en la transmisión y un inmenso sacrificio en la búsqueda del saber, en su preservación y en su difusión.
Un saber que fue el espíritu del Mensaje, no el lujo del conocimiento
Los Compañeros comprendieron desde los primeros instantes que la presencia del Mensajero de Allah ﷺ entre ellos era una gracia que ninguna otra igualaba, y que las palabras que escuchaban no eran fruto de una experiencia humana ni de una sabiduría meramente terrenal, sino una revelación de Allah o una explicación de Su guía. Por ello recibieron el saber con el corazón del adorador y no con la mente del espectador, con el espíritu de quien asume una responsabilidad y no con el del mero consumidor de conocimiento. La asamblea del Profeta ﷺ era para ellos una escuela para la vida entera: en ella aprendían la creencia, la adoración, la ética, la política y la convivencia, y a través de ella recibían la edificación del ser humano antes que la de la información.
Cuando el saber se une a la acción
Para ellos, recibir el saber no era una escucha pasajera ni una memorización formal, sino un proyecto integral de comprensión y acción. Por eso se relata del noble Compañero ʿAbd Allāh b. Masʿūd que dijo: «Cuando uno de nosotros aprendía diez aleyas, no pasaba de ellas hasta conocer sus significados y obrar conforme a ellas»(1). Es un testimonio que revela la naturaleza del método científico en el que se formó la primera generación: un método que no separa el saber de la acción, ni el conocimiento de la conducta.
Nota (1): Lo registró Ibn Ŷarīr al-Ṭabarī en la introducción de su «Ŷāmiʿ al-Bayān», por la vía de Abū ʿAbd al-Raḥmān al-Sulamī, de parte de ʿAbd Allāh b. Masʿūd (que Allah esté complacido con él), como relato mawqūf; su cadena de transmisión es ṣaḥīḥ hasta él.
Un espíritu colectivo en la búsqueda del saber
Entre lo más admirable de la experiencia científica de los Compañeros está aquel espíritu colectivo que envolvió la búsqueda del saber y su circulación. El conocimiento no fue monopolio de unos pocos, sino una preocupación compartida por toda la comunidad. Los Compañeros se recordaban unos a otros lo que habían oído del Mensajero de Allah ﷺ, se exponían mutuamente lo que habían memorizado y se comprometían a revisar y verificar las narraciones, conscientes de que el saber, si no se revisa, se pierde, y si no se estudia en común, su huella se marchita en las almas.
Una determinación que pliega las distancias
La determinación de los Compañeros en la búsqueda del saber alcanzó un grado que revela el valor del conocimiento en su interior: ni las largas distancias, ni la fatiga del viaje, ni las cargas de la vida cotidiana fueron barreras que se interpusieran entre ellos y la obtención de un solo hadiz del Mensajero de Allah ﷺ, o la verificación de una palabra que de él hubieran oído.
Uno de los testimonios más célebres de ello es el viaje del Compañero Ŷābir b. ʿAbd Allāh al Levante (al-Šām), cuando le llegó la noticia de que el Compañero ʿAbd Allāh b. Unays poseía el conocimiento de un hadiz que él no había escuchado directamente del Profeta ﷺ. Entonces compró una montura, preparó su equipaje y recorrió un viaje de un mes entero hasta llegar a su compañero, no para recibir un libro ni un conjunto de narraciones, sino para escuchar un solo hadiz de su fuente directa(2). Es un viaje que revela la magnitud de la estima con que los Compañeros rodeaban la Sunna profética, y la medida de su empeño en verificar sus términos y significados.
Ŷābir no fue un caso aislado en esto: Abū Ayyūb al-Anṣārī viajó hasta ʿUqba b. ʿĀmir en Egipto para preguntarle por un solo hadiz que había oído del Mensajero de Allah ﷺ acerca de encubrir [las faltas] del creyente; y cuando se cercioró del texto del hadiz, emprendió el camino de regreso, como si todo aquel largo viaje no hubiera sido sino por aquella bendita palabra profética(3).
Notas: (2) El viaje de Ŷābir: al-Bujārī lo refirió en forma asertiva únicamente en el encabezado del capítulo (Libro del Saber, capítulo «Salir en busca del saber»), como taʿlīq, sin transmitirlo con cadena conectada en el «Ṣaḥīḥ»; lo conectó al-Bujārī en «al-Adab al-Mufrad» (970), al-Ḥākim en «al-Mustadrak» (8715), al-Ṭaḥāwī en «Šarḥ Muškil al-Āṯār» (3527) y Aḥmad, por la vía de Ibn ʿAqīl, de parte de Ŷābir; Ibn Nāṣir al-Dīn al-Dimašqī lo calificó de ḥasan, por lo que lo más preciso es describir esas versiones conectadas como ḥasan. (3) El viaje de Abū Ayyūb: el hadiz «Quien encubra a un creyente en este mundo en una vergüenza, Allah lo encubrirá el Día de la Resurrección» lo registraron Aḥmad en «al-Musnad» y al-Ḥākim en «al-Mustadrak», de parte de Abū Ayyūb, de ʿUqba b. ʿĀmir, como hadiz marfūʿ; es ṣaḥīḥ li-gayrihī por sus corroboraciones —entre ellas la que figura en «Ṣaḥīḥ Muslim» de parte de Abū Hurayra en un sentido semejante—, y no se halla en el «Ṣaḥīḥ» de al-Bujārī.
La humildad de los grandes
En cuanto a ʿAbd Allāh b. ʿAbbās —que más tarde llegaría a ser el sabio de la comunidad y el intérprete del Corán—, ofreció otro modelo de humildad científica y de paciencia en la búsqueda: se detenía a las puertas de los grandes Compañeros en el calor del mediodía, aguardando su salida para preguntarles por el saber que poseían. Se le dijo: «¡Si los mandaras llamar, vendrían a ti!». Y respondió con una frase que resume la ética de los sabios: «Yo soy más digno de ir a ellos»(4). Así, la humildad científica forjó a uno de los más grandes sabios de la comunidad.
Nota (4): Lo registró al-Dārimī en sus «Sunan» (la Introducción), por la vía de ʿIkrima, de parte de Ibn ʿAbbās (que Allah esté complacido con ambos), e Ibn ʿAbd al-Barr en «Ŷāmiʿ Bayān al-ʿIlm wa-Faḍlihi»; su cadena de transmisión es ṣaḥīḥ como relato mawqūf.
Una compañía que preserva la herencia
Y si algunos Compañeros viajaron por los horizontes en busca del saber, otros eligieron acompañar al Profeta ﷺ con una compañía casi constante. A la cabeza de ellos está Abū Hurayra, que comprendió que su cercanía al maestro de la humanidad ﷺ era la mejor inversión de su vida; por eso consagró buena parte de su existencia a acompañarlo y a memorizar su hadiz, hasta convertirse en el Compañero que más narró la Sunna profética(5).
Nota (5): al-Bujārī registró en su «Ṣaḥīḥ» (Libro del Saber, capítulo «La preservación del saber») el hadiz del «trajín en los mercados» (118) [y el de la aparcería (2350)], y el hadiz de extender el manto (119), de parte de Abū Hurayra (que Allah esté complacido con él); en ambos hay una explicación de la causa de la abundancia de sus narraciones y de su capacidad de memorización.
De la adquisición a la transmisión
El empeño de los Compañeros en adquirir el saber no fue menor que su empeño en transmitirlo, pues comprendieron que la revelación es un depósito sagrado que no es lícito acaparar, y que la mejor manera de cumplir con el derecho del saber es difundirlo y enseñarlo. Por eso, tras la muerte del Profeta ﷺ, se dispersaron por las regiones islámicas como maestros, juristas y educadores, llevando cada uno de ellos una parte de la herencia de la Profecía a un nuevo horizonte. Así, Medina se convirtió en escuela, Kufa en escuela, Basora en escuela, el Levante en escuela y Egipto en escuela, y todas ellas eran ramas de la primera escuela de la Profecía.
Esta misión educativa estuvo acompañada de un alto grado de honestidad científica y de rigor metodológico: el Compañero temía equivocarse en una sola palabra que atribuyera al Mensajero de Allah ﷺ, y lo consideraba una de las mayores responsabilidades. De este espíritu nacieron más tarde las ciencias del isnād, de la crítica y acreditación de transmisores (al-ŷarḥ wa-l-taʿdīl) y del análisis crítico de las narraciones, que se cuentan entre los métodos científicos más precisos que ha conocido la historia humana para verificar las noticias y transmitir el conocimiento.
Conclusión: un proyecto civilizador para formar al ser humano
Quien medita en la trayectoria de los Compañeros con el saber no ve a individuos que acumulan información, sino un proyecto civilizador integral para formar al ser humano sabio y practicante. Reunieron la sinceridad de la recepción, la profundidad de la comprensión, la elevación de la determinación, la fidelidad en la transmisión y la excelencia en la comunicación. Por ello, el saber no fue para ellos un medio para alcanzar prestigio, sino un camino hacia la guía; y no fue un conjunto de datos atesorados en los pechos, sino una luz que se transformaba en realidad en la conducta y en la vida.
De ahí que aquella generación mereciera ser la mejor de las generaciones, porque no portó solo los textos de la revelación, sino que portó con ellos su espíritu; y así el saber se hizo en sus manos un mensaje que reforma al ser humano, edifica a la comunidad y forja la historia.
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