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Dr. Ahmed Abouseif
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Serie · Episodio 1
Familia y Educación
Familia y Educación

La ternura del padre hacia su hija

Una fortaleza de amor que protege su corazón de las flechas de los acechadores — entre la guía profética, el testimonio de la psicología, y la comprensión de los límites

Dr. Ahmed Abouseif20 de mayo de 202614 min de lectura

Por el Dr. Ahmed Mohamed Ali Abouseif, presidente de la American Imams Academy (Academia Americana de Imames).

Una palabra al lector

Cuando leí la pregunta por primera vez, me detuve en la palabra «ternura» (gazal); pues la palabra en el oído del oyente contemporáneo está cargada de matices con los que no le gusta que se asocie el nombre del padre y su hija. Luego reflexioné, y he aquí que la pregunta toca una herida profunda en muchas de nuestras casas: una hija adolescente en cuyas profundidades brota el río de la feminidad temprana, y desea una palabra que sacie esta avidez, y se tranquilice con ella en que es hermosa, deseada, amada. Y en la vecindad hay lobos que se relamen por arrebatar este tierno corazón con la primera palabra de admiración, ¿deja, pues, el padre prudente este vacío para quien lo llene con lo ilícito?

Este artículo es un intento de enraizar lo que llamo —con reserva sobre la palabra— «la ternura permitida del padre»: aquellas expresiones cariñosas, los elogios sinceros, y las expresiones delicadas, que el padre planta en el corazón de su hija de modo que la dispensan de mendigar el elogio de otro. Y veremos que esto no es una novedad del dicho, sino que es una guía profética con la que se adelantó el señor de los educadores (la paz sea con él), y la confirmaron los estudios de los psicólogos antiguos y modernos.

Primero: en la precisión del término

«La ternura» (gazal) en el origen de la lengua es: la delicadeza en el dicho y el afecto con la palabra buena. Y corrió su uso en la poesía árabe en dos tipos: una ternura entre los pares en la que se menciona la descripción del amado, y una ternura casta y pura que no rebasa los sentimientos nobles. Pero cuando la añadimos al padre respecto de su hija, la trasladamos a un campo semántico nuevo: es el prodigar la palabra cariñosa, el elogio de la belleza, la moral y la inteligencia, y la expresión de la admiración por la feminidad naciente con lo que conviene al rango de la paternidad.

Y quizá quien encuentra pesada la palabra prefiera alternativas como: «la caricia paterna», o «el elogio paterno», o «el mimo recto», o «el afecto declarado». Y el contenido —con cualquier nombre que lo nombres— es lo pretendido: que el padre colme el pecho de su hija con la palabra que le hace sentir su valor como mujer, antes de que se le adelante quien maquina contra su tierno corazón.

Segundo: de la guía profética con Fátima (Dios esté complacido con ella)

El Profeta (la paz sea con él) —que es el más perfecto de la gente en solemnidad y gravedad— no se avergonzaba de declarar su amor a su hija, acariciarla y elogiarla ante la gente. Y de lo más admirable que se transmite en eso es lo que transmitió la madre de los creyentes ʿĀʾiša (Dios esté complacido con ella), que dijo:

«No vi a nadie más parecido en compostura, guía y donaire al Mensajero de Dios (la paz sea con él) que Fátima; cuando entraba ella ante él, se levantaba hacia ella, tomaba su mano, la besaba y la sentaba en su asiento, y cuando él entraba ante ella, se levantaba ella hacia él, tomaba su mano, lo besaba y lo sentaba en su asiento».[1]

Contempla esta escena divina: un levantamiento por la hija, un tomar de la mano, un beso aparente, y una preferencia para ella en el asiento. ¡Cuatro expresiones sucesivas del amor en un solo momento! Y él es un profeta enviado, cuya solemnidad teme la gente, y a quien sus Compañeros reverencian con veneración. Pues si esta es la guía del señor de la creación, ¿qué padre después de él se desdeña de hacerla?

Y en otra transmisión, él (la paz sea con él) decía: «Fátima es una parte de mí; me daña lo que la daña, y me inquieta lo que la inquieta».[2] Y esto es una declaración pública de que ella es una porción de su corazón, que hace de sus sentimientos una extensión de los suyos, y de su daño un daño a él. ¿Qué ternura es más delicada que el padre diga a su hija: tú eres de mí, y yo soy de ti?

Y no se limitó su enseñanza (la paz sea con él) al mero acto, sino que le hacía oír la palabra hermosa, suplicaba por ella a la vista de la gente, y la elogiaba por la razón, la religión y la paciencia. Y la llamó «la madre de su padre» como honra y mimo, y es un apelativo que reúne entre la ternura y el reconocimiento de su papel emotivo en la vida de él (la paz sea con él) tras la pérdida de su madre Jadiŷa (Dios esté complacido con ella), la esposa del Profeta (la paz sea con él).

Tercero: en los dichos de los psicólogos musulmanes y contemporáneos

Y ya no fue esta verdad exclusiva de la gente de la legislación, pues vinieron los psicólogos contemporáneos a corroborar lo que estableció la guía profética desde hace catorce siglos, y descubren que este amor declarado del padre no es un lujo emotivo, sino una necesidad psicológica que impide el quiebre de la personalidad de la hija o su desviación, e influye en la formación de su imagen de su propio ser femenino con una influencia que apenas se aproxima a la influencia de otros factores.

Pues este consejero familiar kuwaití, el Dr. Ŷāsim al-Muṭawwaʿ, se lanza en muchas de sus conferencias y artículos a establecer un sentido de suma gravedad, pues dice: «La hija que no halla quien la elogie en su casa, buscará a quien la elogie fuera de ella», y por ello aconseja a los padres que hagan para cada hija una sesión especial en la que se dedique a ella, haciéndole oír las expresiones del orgullo y la admiración.[3] Y es una expresión que debe escribirse con agua de oro sobre los muros de toda casa en la que haya una hija.

Y marcha en la misma dirección el pensador educativo sirio, el Dr. ʿAbd al-Karīm Bakkār, cuando establece que la privación emotiva es el más peligroso de los tipos de hambre, y ve que la hija —por la naturaleza de su composición psicológica— necesita lo que llama «el testimonio de los varones en su vida» de que es objeto de aprecio y admiración, y si no lo halla del padre y el hermano, lo arrebata del extraño de otra manera; y por ello —como dice Bakkār— la palabra del padre «tú eres mi tesoro» equivale en su efecto psicológico a miles de palabras de otro.[4]

Y en el mismo contexto habla el especialista en el desarrollo de las destrezas de los hijos, el Dr. Muṣṭafā Abū Saʿd, de lo que llama «el banco de los sentimientos positivos», que es un saldo que el padre deposita en el corazón de su hija desde la pequeñez con las palabras del aprecio y el elogio, de modo que cuando se fortalece, halla en este banco lo que le basta para prescindir del elogio externo sospechoso; y advierte Abū Saʿd de un patrón común entre los padres que llama «el padre silencioso emocionalmente», pues este padre —pese a su buena intención— empuja a su hija sin que lo sienta hacia el primer joven que sepa adularla bien.[5]

Y no fueron estos testimonios testimonios aislados, sino que los corroboraron muchos estudios de campo; pues indicó un estudio realizado en la Universidad de Oxford el año 2002 sobre cerca de diecisiete mil niños que las hijas que crecieron en familias en las que está presente el padre con una presencia emotiva fueron menos expuestas a las enfermedades psicológicas, la ansiedad y la depresión.[6] Y probaron otros estudios que más del setenta por ciento de los casos de embarazo fuera del marco del matrimonio entre las adolescentes en los entornos occidentales ocurren en casas en las que se ausenta el padre o calla emocionalmente, y que la hija cercana a su padre aplaza la entrada en relaciones tempranas, y sus matrimonios son más estables y duraderos.

Y el sentido en el que concuerdan estos dichos y estudios: que el corazón de la hija es como la copa vacía; si no lo colma su padre con el amor y el elogio, lo colma otro con lo que no alegra al padre.

Cuarto: los campos de esta ternura paterna permitida

Si se establece que esta «ternura» es requerida en la legislación y la razón, ¿cuáles son sus formas prácticas que todo padre puede practicar con su hija? Se pueden resumir en los siguientes campos:

  • El elogio de la belleza aparente: «¡Qué hermosa eres, hija mía!», «Tu cabello es como la seda», «Tus ojos se parecen a los ojos de tu madre»; pues la hija necesita oír esto de un hombre en quien confía antes de oírlo de un extraño que teme.
  • El elogio por la moral y la inteligencia: «Eres la más inteligente de la casa», «Tu ternura me recuerda a tu abuela», «Tu paciencia con tu hermana indica la nobleza de tu alma»; para que aprenda su corazón que su valor no se reduce al cuerpo.
  • El beso y el abrazo: el beso de la frente, la mano y la cabeza, y el abrazo paterno en las situaciones decisivas; pues este toque cariñoso segrega en su cerebro la hormona de la seguridad que la protege de un hambre que la empuja a brazos extraños.
  • La palabra propia de ella sola: un apelativo cariñoso del que se distingue de sus hermanas, o un llamado que no usa nadie sino él; como dijo (la paz sea con él) a Fátima: «la madre de su padre».
  • La sesión especial: media hora semanal en la que se aísla con ella, le pregunta por su estudio, sus amigas y sus sueños, y le hace oír las palabras del orgullo por ella.
  • El elogio ante la gente: que la elogie ante su madre, sus hermanos y sus parientes; pues el elogio público supera en su efecto sobre su alma al elogio secreto muchas veces.
  • Los regalos simbólicos: una flor, o una carta escrita, o un pequeño regalo fuera de una ocasión; pues la mujer —aunque sea una niña— guarda estos detalles en sus tesoros emotivos hasta el final de la vida.

Quinto: el límite divisorio entre lo lícito y lo ilícito

Como la palabra «ternura» es un resbaladero que puede malentenderse, fue obligatorio precisar las normas que la hacen estar en el círculo de lo permitido noble, lejos de cualquier mácula que rasguñe la santidad de la relación de la paternidad. Y estas normas son siete:

  1. La norma de la intención y el propósito: que el propósito del padre sea llenar el vacío emotivo en el corazón de su hija y fortalecerla, no excitar ningún sentimiento fuera de la naturaleza de la paternidad. Y las intenciones son rangos, y el corazón que intenta el bien, Dios lo guía al camino recto en la expresión.
  1. La norma del parentesco vedado (maḥramiyya): el padre es maḥram de su hija por acuerdo de los musulmanes; le es lícito mirar lo que aparece de ella habitualmente (el rostro, la cabeza, los antebrazos, y las piernas en los límites de su casa), y le es lícito besarla y abrazarla con compasión y misericordia, mientras no tema para sí mismo una tentación. Pues si sobreviene al corazón algo —¡Dios nos guarde!— es obligatorio detenerse de inmediato y refugiarse en Dios.
  1. La norma de la edad de la hija y la costumbre de la gente: lo que se dice a la niña de siete años puede no convenir a la joven de diecisiete. Y lo fundamental es que el abrazo y el beso en el rostro y la cabeza permanecen legítimos toda la vida, pero lo que puede ser malentendido se limita a la palabra y el beso en la frente.
  1. La norma del lugar del beso y el toque: la sunna y las indicaciones de los textos es que el beso sea en la cabeza, la frente, la mejilla y la mano. Y en cuanto al beso de la boca —aunque sea por compasión— lo desaprobó un grupo de juristas como cierre de la vía, en especial tras la pubertad de la hija.
  1. La norma del contenido del habla: el elogio es legítimo en la belleza, la moral y la inteligencia, pero se evita toda descripción que entre en la descripción de los encantos de la mujer (como el pecho, la cintura y las caderas), aunque sea a modo de elogio; pues esto no es de la cortesía de la paternidad en nada, ni lo exige la necesidad emotiva de la hija.
  1. La norma del aislamiento y los lugares: estas sesiones deben ser en el espacio de la casa habitual, no en lugares cerrados de manera sospechosa. Y lo fundamental es que la casa del padre contiene a su esposa y a sus hijos, así que no hay reparo en el aislamiento habitual. Pero debe evitarse todo lo que lega en el corazón de la madre celos o en el corazón de las hermanas un sentimiento de discriminación negativa.
  1. La norma del equilibrio entre las hijas y la madre: no debe el padre dedicar a una sola hija todos sus elogios y descuidar a sus hermanas, pues eso lega la envidia y deshace lo pretendido. Como tampoco debe ocuparse en el elogio de su hija del elogio de su madre y su alabanza de ella, pues el ejemplo en el respeto a la madre es de lo más firme que aprovechan sus hijas.

Pues si el padre observa estas siete normas, ha abierto al corazón de su hija una amplia puerta de sosiego, le ha cerrado muchas puertas de la tentación, ha obrado con la guía del Profeta (la paz sea con él), y ha realizado lo que acordó la gente de la educación psicológica: que el padre es el primer hombre en la vida de su hija, y sobre su mano se forma su mirada hacia todo hombre después de él.

Sexto: advertencias finales

La primera advertencia: esto que hemos mencionado no es un mimo corruptor, sino una contención recta. Pues la ternura no contradice la firmeza, y el elogio no se opone a la disciplina. Y el padre que domina el equilibrio entre ambos es el que saca una hija fuerte y digna de alma.

La segunda advertencia: muchos padres creen que la dureza es «la hombría», y que la manifestación del amor es una debilidad que conviene a las mujeres. Y esta es una comprensión invertida; pues el Profeta (la paz sea con él) —que es el señor de los hombres— era el más delicado de la gente con su familia, y eso no mermó de su solemnidad nada, sino que la aumentó.

La tercera advertencia: esta ternura paterna es una responsabilidad legislada, no una gracia que el padre concede como favor a su hija. Pues él (la paz sea con él) dijo: «No otorgó un padre a su hijo algo mejor que una buena educación»,[7] y de la mejor educación es fortalecer el corazón con el amor antes de seguir su disciplina con la palabra.

La cuarta advertencia: si la relación se enfrió largos años, que no desespere el padre de comenzar de nuevo. Comienza con una palabra, luego dos, luego abrázala un día y dile: «Yo te amo, hija mía». No te costará mucho, pero abrirá en su corazón una puerta que creyó cerrada para siempre.


Conclusión

En un tiempo en que se entrecruzan las voces de los acechadores de los corazones de nuestras hijas desde todo lado, permanece la palabra del padre como la fortaleza primera y última. La cuestión no es un lujo emotivo, ni una moda educativa que importamos de Occidente; sino que es una sunna profética firme, con la que obró el señor de los educadores con la señora de las mujeres de la gente del Paraíso, pues se levantó hacia ella, tomó su mano, la besó y la sentó en su lugar.

Así que, oh padre prudente: no te avergüences de expresar ternura a tu hija en los límites de lo que Dios permitió. Pues una sola palabra tuya que colme su pecho, le basta —con el permiso de Dios— para repeler con ella las flechas de los lobos. Y si tú llenas este vacío, no hallará otro a su corazón un camino.

Y bendice, oh Dios, a nuestro Profeta Muhammad, y a su familia y a todos sus Compañeros.

Notas

  1. Lo transmitió Abū Dāwūd en sus Sunan, el libro de la cortesía, el capítulo sobre lo que vino del levantamiento, con el número (5217), y al-Tirmiḏī en sus Sunan, el libro de los méritos, el capítulo sobre el mérito de Fátima (Dios esté complacido con ella), con el número (3872), y al-Nasāʾī en las Grandes Sunan con el número (8517), y al-Ḥākim en al-Mustadrak (4/272) y dijo: «Este es un hadiz correcto según la condición de al-Bujārī y Muslim, y no lo transmitieron», y concordó con él al-Ḏahabī. Y consideró buena su cadena Ibn Mufliḥ en Las eticidades legisladas (2/259), y lo declaró correcto al-Albānī en el Compendio de Las cualidades (200).
  2. Acordado: lo transmitió al-Bujārī en su Ṣaḥīḥ, el libro de los méritos de los Compañeros, el capítulo de los méritos de la parentela del Mensajero de Dios (la paz sea con él) y el mérito de Fátima (la paz sea con ella), con el número (3714), y Muslim en su Ṣaḥīḥ, el libro de los méritos de los Compañeros, el capítulo de los méritos de Fátima, hija del Profeta (la paz sea con él), con el número (2449), del hadiz de al-Miswar ibn Majrama (Dios esté complacido con él).
  3. Véase: el Dr. Ŷāsim Muhammad al-Muṭawwaʿ, el sitio oficial www.drjasem.com, la sección de los artículos familiares y educativos, y su conferencia «Cómo educas a tu hija» publicada en su canal. Y tiene en este sentido su libro «El método de la cultura conyugal», y la serie «Nuestros hijos y la adolescencia».
  4. Véase: el Dr. ʿAbd al-Karīm Bakkār, «Sobre la educación y la enseñanza», Dār al-Salām, El Cairo. Y su libro «Nuestros hijos y los desafíos de la adolescencia», Dār Wuŷūh, Riad. Y tiene sobre «la privación emotiva» artículos publicados en la revista al-Muŷtamaʿ kuwaití y su sitio oficial.
  5. Véase: el Dr. Muṣṭafā Abū Saʿd, «El banco de los sentimientos», Librería Ŷarīr, Riad. Y su libro «Las destrezas fundamentales en la educación de los hijos», Dār al-Maʿrifa, Beirut. Y tiene conferencias en audio bajo el título «El padre activo» publicadas en el canal al-Maʿrifa.
  6. Véase el informe: "In the Best Interests of the Child", Universidad de Oxford, 2002, que siguió a más de 17.000 niños británicos desde el nacimiento. Y para ampliar: el artículo «El papel del padre emotivo en la vida de la hija» en el sitio de al-Jazeera Net, la sección de la mujer, 6/1/2021. Y consulta: David Popenoe, *Life Without Father*, Free Press, Nueva York, 1996, pp. 139–163.
  7. Lo transmitió al-Tirmiḏī en sus Sunan, el libro de la piedad y el vínculo, el capítulo sobre lo que vino de la cortesía del hijo, con el número (1952), y al-Ḥākim en al-Mustadrak (4/263), del hadiz de ʿAmr ibn Saʿīd ibn al-ʿĀṣ (Dios esté complacido con él). Dijo al-Tirmiḏī: «Este es un hadiz interrumpido (mursal)». Y lo consideraron bueno algunos de la gente de ciencia por sus testigos corroborantes.
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