El fruto de estudiar el Corán sobre la base de los fines
Por el Dr. Ahmed Mohamed Ali Abouseif, presidente de la American Imams Academy (Academia Americana de Imames).
Tras el fundamento, la historia, los fines, las figuras y los controles, es oportuno plantear la pregunta del beneficiario: ¿qué gano de leer el Corán sobre la base de sus fines? Un conocimiento que no da fruto en obra es deficiente, y un método se mide solo por sus frutos. Los frutos del estudio orientado a los fines son muchos; resumimos los más destacados.
Primero: la presencia del corazón en la recitación
Cuando el musulmán lee el versículo buscando su fin, la recitación se transforma de un paso veloz sobre las letras en un diálogo vivo con el significado; se pregunta en cada versículo: ¿qué quiere Dios de mí aquí? Esta pregunta ahuyenta la negligencia y trae la humildad, de modo que el Corán se convierte en un discurso dirigido a él, y no en un texto que se recita sobre otros. Esta es la reflexión (tadabbur) por cuyo abandono Dios reprochó: «¿Acaso no reflexionan sobre el Corán, o hay candados sobre los corazones?» [Muḥammad: 24]. La búsqueda del fin es una de las llaves de estos candados.
Segundo: comprender la realidad y la buena aplicación
El conocimiento de los fines del Corán otorga a su poseedor la capacidad de aplicar los versículos a los hechos nuevos sobre los que no ha venido un texto específico; quien comprende que el fin de un versículo es la preservación de la propiedad, la salvaguarda del honor o la protección del débil, puede poner este fin a obrar en los casos nuevos y las cuestiones renovadas de su época. Los fines son un puente entre el texto fijo y finito y la realidad cambiante e infinita; por ellos el Corán permanece válido para todo tiempo y lugar, y no prisionero de un momento histórico.
Tercero: la fortificación contra la rigidez y la distorsión a la vez
La comprensión orientada a los fines es una protección doble contra dos peligros que amenazan a la comunidad por dos lados. Preserva de la rigidez que se detiene en la letra aparente y así vacía la religión de su espíritu y la convierte en costumbres sin efecto; y preserva al mismo tiempo de la distorsión que tuerce el cuello de los textos en nombre del progreso y la ilustración. Reúne la veneración del texto y el detenerse en sus límites con la comprensión de su meta y su espíritu —ni el exceso del rígido ni la negligencia del desbocado—.
Cuarto: la unidad de la concepción y el enlace de los particulares
Quien estudia el Corán por sus fines ve los versículos como un edificio único y coherente que sirve a metas globales, y no como islas dispersas ni dictámenes esparcidos. Una concepción universal de la religión se ordena en su mente, en la que cada versículo ilumina un aspecto de la gran imagen, de modo que su certeza crece y su comprensión se cohesiona, y se salva de la contradicción en la que cae quien toma los versículos dispersos sin un nexo.
Quinto: invertir el versículo en la vida
Contempla, por ejemplo, los versículos de la herencia; quien se detiene en las cifras y las partes los ve como un cálculo árido que se memoriza para un examen, mientras que quien penetra en sus fines —la justicia, el vínculo de parentesco, la preservación de la propiedad dentro de la familia, y la protección del débil como el huérfano y la mujer de la pérdida— los ve como una sabiduría profunda que construye la familia, salvaguarda sus derechos e impide la disputa. Y así en cada capítulo: desde los relatos de los profetas hasta las parábolas del Corán, el lector orientado a los fines pasa de memorizar el versículo a beneficiarse de él y aplicarlo a su realidad.
Sexto: venerar el Corán y profundizar su amor
Un fruto global corona todo lo anterior: quien ve las sabidurías del Corán y sus metas profundas crece en veneración del habla de Dios, en amor por ella y en confianza en ella; pues se le hace patente que tras cada orden y prohibición hay una misericordia y un interés, que este Libro no ordenó nada sino por el bien del ser humano, y no prohibió nada sino para repeler un daño de él. Así lo lee con un corazón amante y venerador, no meramente con un intelecto receptor.
A esto le sigue el octavo artículo: «Una aplicación conductual: los fines del Corán en la construcción de la conducta del individuo».
| Una enseñanza para la vida: Antes de cerrar el muṣḥaf tras tu porción diaria, detente en un versículo y pregunta una sola cosa: «¿Qué cambiaré en mi día con base en el fin de este versículo?». Si sales de cada sesión de recitación con un solo cambio pequeño, estos cambios se acumulan hasta que edifiques una vida gobernada por el Corán, y no meramente adornada por su recitación. | |---|
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