El discurso de la daʿwah entre la transmisión completa y la lacra del recorte
Reunir los textos y conectarlos: un arte de comprensión que protege la exposición del imam de la mutilación de los significados
Por el Dr. Ahmed Mohamed Ali Abouseif, presidente de la American Imams Academy (Academia Americana de Imames).
Introducción
Alabado sea Dios, quien reveló el Libro como explicación de todas las cosas; y que la oración y la paz sean con aquel a quien fueron concedidas las palabras concisas y abarcadoras, y con su familia y sus compañeros, quienes transmitieron de él la palabra completa y la entregaron tal como la habían oído. Dicho esto:
Uno de los peligros más graves que aqueja hoy al discurso del púlpito es una lacra oculta a la que no prestan atención muchos imames y predicadores: el descuido de la conexión entre los textos y la omisión de reunir todo el material científico por completo antes de exponerlo a la gente. Así, el predicador se levanta y menciona una sola narración de un hadiz que tiene múltiples versiones que se complementan unas a otras y de las que no puede prescindirse para el sentido completo; o bien recita una aleya separada de su contexto y de sus análogas, de modo que el discurso sale recortado y el sentido, en la mayoría de los casos, mutilado, y quizá la gente entienda de él lo contrario de lo que quiso el Legislador Sabio. Y agrava aún más esta lacra otra que ha surgido en nuestra vida: la cultura de los fragmentos breves y recortados —lo que se denomina «reels»—, que ha acostumbrado a la gente a recibir la religión en bocados mutilados, y ha acostumbrado a algunos predicadores a fabricar su discurso a la medida de esos fragmentos.
Este capítulo es uno de los más estrechamente vinculados al cargo del imamato; pues el imam es un portavoz de Dios y de Su Mensajero ante la gente, un transmisor de ambos, y Dios, exaltado sea, dice: ﴿Y te hemos revelado el Recuerdo para que expliques a los hombres lo que se les ha revelado﴾ [al-Naḥl: 44], y la explicación no se logra sino reuniendo unas partes del discurso con otras; pues la palabra única del texto es como el miembro único del cuerpo: no se conoce la plenitud de su hechura sino devolviéndolo a su conjunto. Con todo, antes de proseguir con la fundamentación, conviene detenernos para precisar el nombre de este capítulo y su lugar en el mapa de las ciencias, a fin de no atribuirle lo que no le corresponde ni menospreciar lo que sí es suyo.
Primero: la precisión del término — ¿es una ciencia independiente o un arte de los saberes de la comprensión (dirāya)?
La verdad es que «la conexión entre los textos» no es una ciencia independiente con un límite delimitado y obras que lleven su nombre, como la gramática o la ciencia del ḥadīz; más bien es un arte de los saberes de la comprensión (dirāya), una herramienta de las herramientas del entendimiento y, por ende, de las herramientas de la transmisión y de la buena exposición; en él confluyen ciencias establecidas y conocidas: la reunión de las vías del hadiz, que es un capítulo de la ciencia de las causas ocultas (ʿilal); el hadiz contradictorio (mujtalif) y el problemático (mushkil), que tiene sus obras célebres —«Ijtilāf al-Ḥadīz» del imam al-Shāfiʿī, quien fue el primero en dedicar este capítulo a una obra propia; «Taʾwīl Mujtalif al-Ḥadīz» de Ibn Qutayba; y «Sharḥ Mushkil al-Āthār» de al-Ṭaḥāwī—; la interpretación del Corán por el Corán; la devolución de lo ambiguo (mutashābih) a lo firme (muḥkam); y la interpretación temática (tafsīr mawḍūʿī) según el término de los posteriores. Se distinguieron por el dominio de este oficio imames de los que se mencionará a algunos: al-Shāfiʿī, Aḥmad, ʿAlī ibn al-Madīnī, Ibn Juzayma y al-Ṭaḥāwī; y de entre los comentaristas, Ibn Ḥaǧar y al-Nawawī.
Este arte tiene reglas que lo preservan de convertirse en su contrario; las cinco más importantes son: la reunión antes de la preferencia (al-ǧamʿ qabla al-tarǧīḥ), de modo que no se recurra a alegar la abrogación o la preferencia sino tras la imposibilidad de reunir; la devolución de lo ambiguo a lo firme, y no al revés; la consideración del contexto y de las causas de aparición y de revelación; la cautela frente a la amalgama (talfīq), de modo que no se componga una narración a partir de los términos de narraciones diversas y se presente como si fuera un solo texto, sino que cada término se atribuya a su narrador y a su fuente —pues la reunión entre los textos es una armonización entre sus sentidos, no una mezcla entre sus términos—; y el alumbrarse con la comprensión de los imames y los comentaristas, de modo que el predicador no se independice con la reunión según su propio parecer en aquello sobre lo que ya han hablado los sabios. Una vez asentado el lugar de este arte y sus reglas, miremos su origen; pues su origen procede de la Revelación misma.
Segundo: la fundamentación — los textos se interpretan unos a otros
Los sabios establecieron que la vía más correcta de la interpretación es que el Corán se interprete por el Corán; pues lo que se expone de manera resumida en un lugar ya se ha detallado en otro, y lo que aparece de manera absoluta en una aleya ya se ha restringido en su hermana; luego el Corán se interpreta por la Sunna, y la Sunna se interpreta unas partes a otras. Y este método no es un término novedoso, sino un método profético originario que el Mensajero de Dios —que la oración y la paz sean con él— enseñó a sus compañeros de manera directa.
En los dos Ṣaḥīḥ, de Ibn Masʿūd —Dios esté complacido con él—, se relata que dijo: Cuando se reveló ﴿Quienes creen y no envuelven su fe en injusticia (ẓulm)﴾ [al-Anʿām: 82], esto resultó penoso para los compañeros del Mensajero de Dios —que la oración y la paz sean con él— y dijeron: «¿Quién de nosotros no ha sido injusto consigo mismo?». Entonces el Mensajero de Dios —que la oración y la paz sean con él— dijo: «No es eso; se trata solo de la asociación de dioses (shirk). ¿Acaso no habéis oído lo que Luqmān dijo a su hijo: ﴿Hijito, no asocies nada a Dios, pues la asociación es en verdad una injusticia enorme﴾ [Luqmān: 13]?»[1]. Mira cómo disipó —que la oración y la paz sean con él— aquel gran problema que estuvo a punto de quebrar las espaldas de los compañeros, no con un discurso nuevo, sino conectando el texto problemático con otro texto del Libro mismo; devolvió lo ambiguo a lo firme, y esa es la esencia misma del oficio del que hablamos.
En cambio, Dios hizo del seguir lo ambiguo separado de su firme una señal de la gente de la desviación, pues dijo, glorificado sea: ﴿En cuanto a aquellos cuyos corazones están desviados, siguen lo que de él es ambiguo, buscando la discordia y buscando su interpretación﴾ [Āl ʿImrān: 7]. Y no conviene que la gente del saber caiga —¡lejos estén de ello los sabios y los señores de los púlpitos!— en una forma del error que Dios hizo señal de aquellos; pues hay gran distancia entre quien busca deliberadamente la discordia y quien interpreta con buena intención, si bien el efecto del discurso mutilado sobre los oídos de la gente puede aproximarse, aunque disten las intenciones. Los compañeros vieron la consecuencia de este proceder en los ǰāriǧíes; dijo de ellos Ibn ʿUmar —Dios esté complacido con ambos—: «Fueron hacia aleyas reveladas acerca de los incrédulos y las aplicaron a los creyentes»[2]. Aquella facción no se extravió por su ignorancia de los términos del Corán, sino por separar las aleyas de su contexto y de sus análogas. Por ello, cuando los refutó el sabio de la Umma, Ibn ʿAbbās —Dios esté complacido con ambos—, no los rebatió con su propio parecer, sino que los argumentó con la reunión de los textos y la unión de unos con otros hasta que retornaron de ellos dos mil[3]; así, la reunión de los textos fue el arma del liderazgo bien guiado en el tratamiento del extremismo, y cuánta necesidad tenemos de ella hoy.
Y de entre el recorte coránico está lo que ocurre en el discurso de algunos predicadores, que recitan la palabra del Altísimo: ﴿¡Ay de los orantes﴾ [al-Māʿūn: 4] y se detienen sin completarla: ﴿que de su oración están descuidados﴾ [al-Māʿūn: 5]; y los sabios pusieron el proverbio corriente de quien recita ﴿No os acerquéis a la oración﴾ [al-Nisāʾ: 43] y se calla ante Su palabra: ﴿estando ebrios﴾, de modo que la prohibición de orar en estado de embriaguez se transforma en una prohibición de la oración misma. Es un ejemplo en apariencia exagerado, pero ocurre en formas más sutiles que él en nuestros sermones más de lo que pensamos. Y este fundamento coránico y profético es el que después los imames del hadiz formularon como reglas explícitas y precisas.
Tercero: el método de los sabios, antiguos y modernos — no hay comprensión sino reuniendo las vías
Lo que hoy señalamos no es algo de reciente aparición en los intentos de reforma del discurso del púlpito y de la predicación, sino que es palabra de los sabios, antiguos y modernos; las expresiones de los imames de esta materia han coincidido en que la reunión de las vías es condición de la comprensión misma, no un lujo técnico exclusivo de los tradicionistas.
De lo que se relata (yurwā) del imam Aḥmad ibn Ḥanbal —Dios se apiade de él— es su dicho: «El hadiz, si no se reúnen sus vías, no lo comprendes; y el hadiz se interpreta unas partes a otras»; y de ʿAlī ibn al-Madīnī, el maestro de al-Bujārī: «El capítulo, si no se reúnen sus vías, no se hace patente su error»; y de Yaḥyā ibn Maʿīn: «Si no hubiéramos escrito el hadiz por treinta vías, no lo habríamos entendido»; todo ello lo relató al-Jaṭīb al-Baghdādī con sus cadenas de transmisión en «al-Ǧāmiʿ li-Ajlāq al-Rāwī wa-Ādāb al-Sāmiʿ»[4]. Y el imam Muslim explicó en su libro «al-Tamyīz» que el camino para conocer el error de los narradores es precisamente la reunión de las narraciones y el cotejo de unas con otras hasta que se distinga la sana de la enferma; y estableció el ḥāfiẓ Ibn Ḥaǧar y otros de los imames de la ciencia del ḥadīz que el fundamento en el descubrimiento de las causas ocultas y en la resolución de la contradicción es la reunión de las vías y la ponderación entre ellas.
Y este discurso no se interrumpió en los antiguos; de entre los contemporáneos, el shayj Yūsuf al-Qaraḍāwī —Dios se apiade de él— estableció en su libro «Kayfa Nataʿāmalu maʿa al-Sunna al-Nabawiyya: Maʿālim wa-Ḍawābiṭ» que de las reglas de la buena comprensión de la Sunna están: comprenderla a la luz del Noble Corán, y reunir los hadices que aparecen sobre un mismo tema hasta que se complete la visión del jurista y del comentarista[5]. Así, la palabra de los contemporáneos se encontró con la palabra de los predecesores en una sola sentencia: la comprensión es derivada de la reunión, y la transmisión es derivada de la comprensión. Y si los imames del oficio no confían en su comprensión de un hadiz hasta reunir sus vías, ¿cómo confía el predicador en su comprensión —y luego en su transmisión a la gente desde los púlpitos— a partir de una sola narración que le llegó de pasada en un libro o en una publicación?
Cuarto: ejemplos aplicados — hadices cuyo sentido se mutila al descuidar el resto de sus narraciones
Y para que el discurso no permanezca como mera fundamentación teórica, he aquí seis ejemplos del corazón mismo de lo que los predicadores tratan en cada oración del viernes; los presentamos uno a uno, mostrando al lector en cada uno de ellos cómo se tuerce el sentido si se aísla su narración, y cómo se endereza y se completa si se reúnen sus narraciones y se une una a otra —observando la ética de la documentación que ya expusimos: cada término atribuido a su fuente, sin amalgama entre los términos de las narraciones.
1. Hadiz: «En verdad, al difunto se le castiga por el llanto de su familia sobre él». Este hadiz está en los dos Ṣaḥīḥ, en la narración de ʿUmar y de su hijo —Dios esté complacido con ambos—[6]; y si el predicador lo expusiera aislado, daría la impresión de reprender al difunto por el pecado de otro. La Madre de los Creyentes, ʿĀʾisha —Dios esté complacida con ella—, rectificó su enunciado absoluto y dijo: «Que Dios se apiade de ʿUmar. Por Dios, el Mensajero de Dios —que la oración y la paz sean con él— no dijo que Dios castigue al creyente por el llanto de su familia sobre él, sino que dijo: Dios aumenta al incrédulo el castigo por el llanto de su familia sobre él»; y dijo: «Os basta el Corán: ﴿Y ninguna alma cargada llevará la carga de otra﴾ [al-Anʿām: 164]»[7]. Y los sabios reunieron las narraciones estableciendo que la amenaza recae sobre quien encomendó a su familia el lamento fúnebre, o supo de su costumbre en ello y no se lo prohibió. He aquí una compañera jurista que somete la Sunna al Corán y reúne las narraciones, de modo que el sentido se endereza y el problema se disipa —y eso es exactamente lo que conviene que el predicador haga antes de subir al púlpito.
2. Hadiz: «Se me ha ordenado combatir a la gente hasta que digan: no hay más dios que Dios». Este es uno de los textos más recortados que existen, y de él se nutren los extremistas por un lado, y quienes atacan al islam por otro. Su versión completa está en los dos Ṣaḥīḥ, y el término es de al-Bujārī: «Se me ha ordenado combatir a la gente hasta que atestigüen que no hay más dios que Dios y que Muḥammad es el Mensajero de Dios, y establezcan la oración y entreguen el zakat; y cuando hagan eso, habrán protegido de mí su sangre y sus bienes, salvo por el derecho del islam, y su cuenta corre a cargo de Dios»[8]. La comprensión de los propios compañeros procedió devolviendo unos de sus términos a otros; pues cuando ʿUmar argumentó ante Abū Bakr —Dios esté complacido con ambos— en lo tocante a combatir a quienes negaban el zakat con la narración: «Se me ha ordenado combatir a la gente hasta que digan: no hay más dios que Dios... salvo por su derecho», le respondió el Ṣiddīq: «Por Dios, combatiré a quien separe entre la oración y el zakat, pues el zakat es el derecho del bien»[9]. Así, Abū Bakr —que es el líder en cuyo nombre se transmite— cimentó su noble postura sobre el hadiz completo y no sobre su versión recortada; luego, los demás textos sobre el pacto, la protección (dhimma) y la ǰizya, y la palabra del Altísimo: ﴿No hay coacción en la religión﴾ [al-Baqara: 256], aclaran que el hadiz no tiene la generalidad que se le imagina, y que se refiere a un grupo determinado y a un contexto determinado. Así, quien lo expone mutilado abre una puerta que no podrá cerrar.
3. Los hadices del contagio: «No hay contagio ni mal agüero» junto con «Huye del leproso». En los dos Ṣaḥīḥ: «No hay contagio, ni mal agüero, ni el ave hāma, ni el mes de ṣafar»; y si el predicador se detuviera ahí, daría la impresión de anular las causas por completo. Pero en al-Bujārī: «Y huye del leproso como huyes del león»; y en los dos Ṣaḥīḥ: «Que quien tenga enfermos no los lleve junto a quien esté sano»; y en ambos, sobre la peste: «Cuando oigáis hablar de ella en una tierra, no entréis en ella; y cuando caiga sobre una tierra en la que estáis, no salgáis huyendo de ella»[10]. Así, al reunir los textos se aclara el sentido íntegro: la negación de lo que la ǰāhiliyya creía sobre el efecto del contagio por su propia naturaleza, con independencia del decreto de Dios, junto con la afirmación de las causas, su adopción y la precaución frente a ellas. Y vendrá en los modelos contemporáneos cómo este mismo ejemplo se convirtió en una prueba práctica para los imames de Occidente.
4. La prohibición de beber de pie junto con su acto —que la oración y la paz sean con él— de beber de pie. Muslim relató, de Anas y de Abū Hurayra —Dios esté complacido con ambos—, la prohibición de beber de pie, y en algunos de sus términos hay severidad. Y en los dos Ṣaḥīḥ, de Ibn ʿAbbās —Dios esté complacido con ambos—, se relata que dijo: «Di de beber al Mensajero de Dios —que la oración y la paz sean con él— del agua de Zamzam, y bebió estando de pie». Y en al-Bujārī, que ʿAlī —Dios esté complacido con él— bebió de pie y luego dijo: «En verdad, algunas personas detestan beber estando de pie, y yo vi al Profeta —que la oración y la paz sean con él— hacer como me habéis visto hacer»[11]. Así, quien predica sobre los modales de la comida y la bebida con los hadices de la prohibición solamente, coloca a la gente en la estrechez y en el error de reprobar lo que auténticamente se establece que el Profeta —que la oración y la paz sean con él— hizo; y quien reúne los textos conoce las vías de los sabios en la reunión, de modo que su discurso sale fiel y equilibrado.
5. El hadiz de Rāfiʿ ibn Jadīǧ sobre la prohibición del arrendamiento de la tierra. Este ejemplo es el que los tradicionistas ponen como testimonio de la regla «El hadiz, si no se reúnen sus vías, no lo comprendes». Rāfiʿ ibn Jadīǧ —Dios esté complacido con él— relató la prohibición del arrendamiento de las tierras de cultivo[12]; y si se tomara en su sentido absoluto, quedarían prohibidos el aparcería y el arrendamiento que practicaron los compañeros. Pero cuando se reunieron sus vías, se aclaró en algunas de sus narraciones que arrendaban la tierra a cambio de lo que crecía en los canales, en las márgenes de las acequias y de algo del cultivo desconocido, de modo que aquello se salvaba y esto perecía, y por ello se les prohibió por el riesgo (gharar) y la incertidumbre (ǰahāla), no el principio mismo del arrendamiento. Y dijo Zayd ibn Thābit —Dios esté complacido con él—: «Que Dios perdone a Rāfiʿ ibn Jadīǧ; por Dios, yo conozco el hadiz mejor que él. Lo que ocurrió es que dos hombres que se habían disputado acudieron a él, y dijo —que la oración y la paz sean con él—: Si tal es vuestra situación, no arrendéis las tierras de cultivo»[13]. Mira cómo el juicio legal obtenido tras reunir las vías fue distinto de lo aparente en la narración aislada, ¡y cuántos púlpitos edifican un juicio sobre una sola narración!
6. Hadiz: «Y no digas: "si..."». En el Ṣaḥīḥ de Muslim: «Esfuérzate por lo que te beneficia, pide ayuda a Dios y no te dejes vencer; y si algo te alcanza, no digas: "si yo hubiera hecho, habría sido así y asá", sino di: "Dios lo decretó, e hizo lo que quiso"; pues el "si" abre la obra del demonio»[14]. Algunos predicadores recortan de él la prohibición del «si», dando la impresión de que se prohíbe de manera absoluta, siendo que él —que la oración y la paz sean con él— dijo: «Si hubiera sabido de mi asunto lo que después supe, no habría traído la ofrenda»[15]. Así, al reunir los textos —junto con el contexto del propio hadiz del que se recortó— se aclara que lo prohibido es el «si» unido al descontento y a la objeción contra el decreto, no el «si» del deseo lícito o de la enseñanza. Aquí el recorte no ocurrió solo por descuidar otra narración, sino por separar la frase del comienzo de su propio hadiz, que es la forma más leve del recorte y la más extendida. Y si estos ejemplos pertenecen al legado del saber heredado, nuestra realidad en Occidente nos trae cada viernes sus ejemplos nuevos.
Quinto: tres modelos de nuestra realidad en América y en Occidente
El primer modelo: la lacra de los «reels» y los fragmentos de treinta segundos. De la lacra de lo que ha surgido en nuestra vida está lo que se denomina «reels» y los fragmentos breves; un predicador en una de nuestras mezquitas americanas pronuncia un sermón equilibrado, y se recorta de él medio minuto y se difunde mutilado de su contexto, de modo que lo captan plataformas de vigilancia hostiles y lo presentan como testimonio del «discurso del odio», y la mezquita se encuentra a sí misma en una confrontación mediática. Y la lección aquí es doble: el imam que tiene presente que su discurso será recortado aprende a presentar el texto completo con su contexto en cada ocasión; y luego, por su propio sufrimiento con el recorte mediático, comprende la fealdad de hacer él con los textos legales lo mismo que reprocha a sus adversarios.
El segundo modelo: la pandemia y el fiqh de la reunión entre los textos. Cuando la pandemia de la covid azotó América y se suspendieron las oraciones del viernes y las congregaciones, la gente se dividió: un grupo argumentaba con una parte del capítulo la obligatoriedad de abrir las mezquitas, y otro grupo se aferró a las causas hasta casi olvidar a su Señor. Y en aquella prueba no se mantuvieron firmes sino los imames que aplicaron la reunión que expusimos anteriormente en el tercer ejemplo entre los textos del contagio, las causas y la confianza en Dios (tawakkul), y ofrecieron a sus comunidades un fiqh equilibrado que convenció tanto al cauto como al confiado. Así, aquello fue una prueba práctica que mostró que la reunión de los textos no es un lujo académico, sino la provisión del liderazgo en las calamidades.
El tercer modelo: un público que revisa y lee — ¿cómo lo conduce el imam? Un joven universitario asiste a la oración del viernes, y cuando se marcha revisa el hadiz que oyó en los sitios de hadiz y en las enciclopedias digitales, y lee en las plataformas de los escépticos en inglés dudas construidas todas ellas sobre textos mutilados. Esta vigilancia, en sí misma, no es enemistad con el imam ni falta de cortesía hacia él —más bien se le dice: escuchar en silencio durante el sermón es obligatorio, y la puerta de la revisión y la pregunta está abierta después de él—; antes bien es una oportunidad educativa que conviene que el imam conduzca en lugar de sentirse incómodo con ella. Y si este joven encuentra a su imam presentando los textos completos con su contexto, atribuidos a sus fuentes, aprende de él el método de la recepción antes que el contenido del sermón; y sale de la mezquita inmunizado contra los extremistas y los escépticos a la vez, porque ambos solo cazan con el texto recortado. Y si lo encuentra recortando como recortan los adversarios de su religión, la duda se filtra en todo lo que le oiga después. Y dicho esto: ¿qué gana el imam si domina este arte? Sus frutos son tres.
Sexto: tres frutos de este arte en la balanza del imamato y del liderazgo
El primero: la preservación del púlpito de que se atribuya a Dios y a Su Mensajero lo que no dijeron; pues el sentido mutilado puede ser un sentido distinto del que quiso el Legislador, y el Profeta —que la oración y la paz sean con él— dice: «Quien mienta sobre mí deliberadamente, que ocupe su morada en el Fuego»[16]. Y aunque el predicador que recorta no mienta deliberadamente, la negligencia en la verificación pudiendo hacerla no exculpa a quien se ha erigido a sí mismo para la transmisión.
El segundo: la moderación del discurso y su equilibrio; pues los textos de la Ley vinieron en pares que se abrazan unos a otros: esperanza y temor, concesión (rujṣa) y determinación (ʿazīma), aliciente e intimidación. Así, quien se limita a los textos de la amenaza produce gente desesperada, y quien se limita a los textos de la esperanza produce gente negligente, y quien los reúne saca su discurso según el método de la profecía.
El tercero: la conservación de la credibilidad y la inmunización del público; pues el oyente de hoy posee las herramientas de la revisión inmediata, como vimos en el tercer modelo, y si cae la confianza en la precisión del imam una vez, la duda se filtra en todo lo que diga después. Además, el imam que reúne los textos educa a su público con su acción —antes que con su palabra— en que el sentido no se toma de una parte de un texto; de modo que la reunión de los textos misma se convierte en una educación metódica para la Umma, y esta es una función de liderazgo que no la sostienen los sermones aislados. Y si alguien dice: «Ya me he convencido, ¿por dónde empiezo?», he aquí cinco pasos comprobados.
Séptimo: cinco pasos prácticos antes de subir al púlpito
1. Reúne las narraciones del hadiz de sus fuentes probables: los Seis Libros, el Musnad y otros, ayudándote con los libros de los aṭrāf como «Tuḥfat al-Ashrāf» de al-Mizzī, y con las herramientas de búsqueda modernas y precisas —a condición de que permanezcan en tu mano como algo del que te fías (muʾtamana) y no como algo automatizado (muʾtamata): te abren el camino a las fuentes pero no te dispensan de examinarlas—; pues hoy no hay excusa para quien se abstiene de adquirir el saber de sus fuentes con semejante facilidad. Y ata cada término a su fuente para librarte de la amalgama.
2. Considera la causa de la aparición y el contexto: la causa de la aparición del hadiz y la causa de la revelación de la aleya y sus circunstancias; pues cuánto problema se disipó con el conocimiento de la historia en la que apareció el texto, como viste en el hadiz de Rāfiʿ ibn Jadīǧ.
3. Revisa los comentarios fiables: como «Fatḥ al-Bārī» de Ibn Ḥaǧar y «Sharḥ al-Nawawī ʿalā Muslim»; pues los comentaristas presentan las narraciones y establecen capítulos para la reunión entre el hadiz contradictorio, y encuentras en ellos la esencia de lo que buscas ya reunida.
4. Somete tu discurso a lo que lo contradice, y toma como práctica constante los libros del hadiz contradictorio: pregúntate: ¿tiene este texto algo que lo contradiga, lo restrinja o lo especifique? Si lo encuentras, no subas al púlpito hasta que conozcas la vía de la reunión, ayudándote con las obras del capítulo que ya mencionamos, de al-Shāfiʿī, Ibn Qutayba y al-Ṭaḥāwī; pues ellas edifican en ti la facultad de la reunión y te muestran el oficio de los imames de manera patente.
5. Pregunta a los especialistas en lo que se te haga problemático, y no te avergüences: pues la mitad del saber es «no lo sé», y que retrases el material de un sermón una semana es mejor que transmitir a la gente un sentido mutilado por siempre.
Conclusión: la fidelidad de la transmisión completa
El imamato es una fidelidad de transmisión antes de ser un honor de precedencia, y el Profeta —que la oración y la paz sean con él— dice: «Que Dios ilumine a un hombre que haya oído de nosotros algo y lo haya transmitido tal como lo oyó; pues cuántos a quienes se les transmite lo retienen mejor que quien lo oyó»[17]. Y en su dicho «tal como lo oyó» hay una alusión a entregar el material completo, no menguado; pues quien entrega la mitad de la palabra, no la ha entregado. Así, que el imam haga de la reunión de los textos y la conexión entre ellos un pilar de su oficio y no algo supererogatorio en él; y que recuerde que cada frase que pronuncia desde el púlpito se convierte en una religión que profesan cientos tras él, de modo que, o bien transmitió de Dios una explicación completa y tiene la recompensa de ello, o bien transmitió un sentido mutilado y sobre él recae la carga de lo que la gente edificó sobre ello.
¡Oh Dios!, concédenos comprensión de Tu Libro y de la Sunna de Tu Profeta, fidelidad en la transmisión de Tu parte, y reunión de la palabra de la verdad como Tú amas y apruebas; y que Dios ore, salude y bendiga a nuestro Profeta Muḥammad, y a su familia y a todos sus compañeros.
Notas
- Lo transmitieron al-Bujārī (32) y Muslim (124), de Ibn Masʿūd —Dios esté complacido con él—; acordado (muttafaq ʿalayh). [2]: Lo consignó al-Bujārī en forma asertiva (bi-ṣīgat al-ǰazm) en el Libro del arrepentimiento de los apóstatas y los obstinados y su combate, capítulo de la muerte de los ǰāriǧíes y los ateos tras haberse establecido la prueba contra ellos (antes del hadiz 6930). [3]: La noticia de la disputa la transmitieron ʿAbd al-Razzāq en «al-Muṣannaf», al-Nasāʾī en «al-Sunan al-Kubrā» y al-Ḥākim en «al-Mustadrak», quien dijo: «Correcto según la condición de Muslim», y al-Dhahabī coincidió con él, por la vía de ʿIkrima ibn ʿAmmār, de Abū Zumayl, de Ibn ʿAbbās. [4]: «al-Ǧāmiʿ li-Ajlāq al-Rāwī wa-Ādāb al-Sāmiʿ» de al-Jaṭīb al-Baghdādī (2/212); presentó las tres expresiones con sus cadenas de transmisión en el capítulo de la escritura de los hadices repetidos; estos son los términos consignados en su obra, y se relatan de ellos con términos aproximados. [5]: Yūsuf al-Qaraḍāwī, «Kayfa Nataʿāmalu maʿa al-Sunna al-Nabawiyya: Maʿālim wa-Ḍawābiṭ», el tercer capítulo sobre las reglas de la buena comprensión de la Sunna, las reglas primera y segunda. [6]: Lo transmitieron al-Bujārī (1286–1288) y Muslim (927–928), de ʿUmar e Ibn ʿUmar —Dios esté complacido con ambos—; acordado (muttafaq ʿalayh). [7]: Lo transmitieron al-Bujārī (1288) —y el término consignado es el suyo— y Muslim (928, 929), por la vía de Ibn Abī Mulayka, de Ibn ʿAbbās, de ʿĀʾisha —Dios esté complacido con ellos—; acordado (muttafaq ʿalayh). [8]: Lo transmitieron al-Bujārī (25) —y el término es el suyo— y Muslim (22), de Ibn ʿUmar —Dios esté complacido con ambos—; acordado (muttafaq ʿalayh). [9]: Lo transmitieron al-Bujārī (1400) y Muslim (20), de Abū Hurayra —Dios esté complacido con él—; acordado (muttafaq ʿalayh); y la narración «salvo por su derecho» está dentro del intercambio de ʿUmar en ambos. [10]: «No hay contagio ni mal agüero»: lo transmitieron al-Bujārī (5757) y Muslim (2220), de Abū Hurayra; «Huye del leproso»: lo transmitió al-Bujārī (5707), de Abū Hurayra; «Que quien tenga enfermos no los lleve junto a quien esté sano»: lo transmitieron al-Bujārī (5771) y Muslim (2221), de Abū Hurayra; y el hadiz de la peste: lo transmitieron al-Bujārī (5728) y Muslim (2218), de Usāma ibn Zayd —Dios esté complacido con ellos—; y cada término está atribuido a su lugar. [11]: La prohibición de beber de pie: la transmitió Muslim (2024), de Anas, y (2026), de Abū Hurayra; y su acto —que la oración y la paz sean con él— de beber de Zamzam de pie: lo transmitieron al-Bujārī (1637) y Muslim (2027), de Ibn ʿAbbās; acordado (muttafaq ʿalayh); y el relato de ʿAlī: lo transmitió al-Bujārī (5615). [12]: Lo transmitieron al-Bujārī (2339, 2347) y Muslim (1547), de Rāfiʿ ibn Jadīǧ —Dios esté complacido con él—; y la narración del arrendamiento a cambio de lo que hay en los canales y en las márgenes de las acequias está en Muslim (1547), por la vía de Ḥanẓala ibn Qays. [13]: Lo transmitieron Abū Dāwūd (3390) e Ibn Māǧa (2461), de Zayd ibn Thābit —Dios esté complacido con él—; y más de uno de los sabios lo calificó de ḥasan (ḥassanahu). [14]: Lo transmitió Muslim (2664), de Abū Hurayra —Dios esté complacido con él—. [15]: Lo transmitieron al-Bujārī (7229) y Muslim (1218), de Ǧābir ibn ʿAbd Allāh —Dios esté complacido con ambos—; acordado (muttafaq ʿalayh). [16]: Lo transmitieron al-Bujārī (110) y Muslim (3), de Abū Hurayra —Dios esté complacido con él—; acordado (muttafaq ʿalayh), y es un hadiz mutawātir. [17]: Lo transmitieron al-Tirmidhī (2657), quien dijo: «ḥasan ṣaḥīḥ», e Ibn Māǧa (230), de Ibn Masʿūd —Dios esté complacido con él—.↩
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